ISSN 1989-1938
Espai web patrocinat per:
Llibres de música

El ruido del tiempo


Título: El ruido del tiempo
Autor: Julian Barnes
Traducción:
Jaime Zulaika
I.S.B.N.: 978-84-339-7955-1
Editorial: Anagrama

El ruido del tiempo“Amar sin miedo, sin barreras, sin pensar en el mañana. Y luego, posteriormente, sin lamentarlo.” Shostakóvitch tuvo, en su juventud, una idea muy shakesperiana del amor. Así lo leemos en El sueño de una noche de verano, donde Shakespeare particulariza la naturaleza fantasiosa del amor, por eso, escribió, pintan ciego al alado Cupido.
Julian Barnes describe, en la novela El ruido del tiempo, el monólogo interior y obsesivo (junto a la voz de un narrador desconocido) de Dmitri Dmítrievich Shostakóvich.
El autor nos deja claro que no se trata de una biografía sino de una interpretación sobre la vida de un hombre que bajo el dominio absoluto del Poder, vivió toda su vida consternado por su propio yo. No hay derrota más contundente que ésta.
“El Poder venía a hurgar entre tus sábanas, piensa el protagonista; Eh Shosti, ¿las prefieres rubias o morenas? Buscaban cualquier debilidad, cualquier inmundicia que pudiera encontrar en su vida. Y siempre encontraban algo”.
Dmitri Shostakóvich, un hombre nervioso, austero, muy inseguro y aterrorizado por la amenaza del estado, escribió y estrenó en el Teatro Bolshói, en 1936, la ópera Lady Macbeth de Mtsensk, op.29 (amaba profundamente a Shakespeare), una obra que desagradó al camarada Joseph Stalin. “Stalin salió del palco sin saludar a nadie exclamando:¡Esto no es música sino caos! ”(Carlos Prieto, Dmitri Shostakóvich.Genio y drama. México, FCE, 2013).Casi un golpe de muerte…
Barnes nos cuenta varios aspectos claves en la vida de Shostakóvich: su gran deseo de tener una vida familiar tranquila, el terror que sintió cuando lo acusaron de pertenecer a un complot o el desagradable episodio del viaje de Shostakóvich a Nueva York, en 1948, donde vivió una humillación insufrible al tener que pronunciar (aturdido, impotente y con un insoportable sentimiento de culpa) un discurso ya preparado de antemano por las autoridades. En dicho acto, como miembro de la delegación soviética en el Congreso Cultural y Científico para la Paz Mundial, se vio obligado a suscribir que había que prohibir en las salas de concierto soviéticas la música de Hindemith, Schoenberg y Stravinsky. Palabras, sin duda, de un héroe trágico que sufrió la embestida del totalitarismo del sigloXX.
Al final del libro, Barnes nos muestra al compositor en un estado lamentable, pensando que la muerte, por fin, le liberará de un sufrimiento agotador “Le gustaba pensar que no temía a la muerte. Era la vida la que le asustaba, no la muerte”. Pero aun tendrá que superar, antes de morir, una prueba insoportable: afiliarse al Partido para ostentar la presidencia de la Unión de Compositores de la Federación Rusa (1960). En la mirada de aquel hombre, de modales serios, y de un inmenso talento musical, siempre había un halo de sufrimiento.
Shostakóvich dio instrucciones estrictas a su familia para que no se preocupasen por su “inmortalidad”. Nada de campañas póstumas.
Su único deseo siempre fue que la música perteneciera a la música. “Era lo único que se podía decir o desear”.

Texto: Carme Miró

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *