ISSN 1989-1938
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Quadern de Llibres

La larga cadena del ancla y La hora presente


Título: La larga cadena del ancla y La hora presente
Autor: Yves Bonnefoy
I.S.B.N.: 9788416734153
Editorial: Galaxia Gutenberg

Este libro, al igual que todos los libros, es un objeto melancólico: asistimos al nacimiento, reproducción y muerte de “una vida sencilla, sin lenguaje” (“Larga cadena…”, II). Sorteamos las distintas etapas de esa incierta cronología, aturdidos por ráfagas de estilo: “Rodea la encina, pero allí, sobre la pradera sin otros árboles próximos, nadie.” (“Teatro…”). La inercia sintáctica engendra listas, repeticiones que sangran el vigor de unas composiciones en las que los detalles no importan nada o casi nada: “Un nombre para el absoluto no es la designación, todavía menos la celebración, es la trampa que nos tiende, ay, el lenguaje” (“Los nombres…”).
La poesía del ensayista y crítico literario Yves Bonnefoy (Tours, 1923 – París, 2016) tiene ese aire descuidado de haber sido premeditada, antes de ser escrita. En los libros La larga cadena del ancla (2008) y La hora presente (2011; Galaxia Gutenberg, 2016, edición bilingüe al cuidado de Jordi Doce, traducción y prólogo de Enrique Moreno Castillo), los poemas, ensayos y prosas tienden a convertirse en secuencias donde se privilegia la espontaneidad junto a una distancia cada vez mayor de la acción: “Pasa, defrauda (…) / para ti se ahonda ese otro mar, / la memoria que asedia al que quiere morir” (“Ulises …”).
El poeta, traductor al francés de Leopardi, Petrarca o Yeats, parece, al igual que ellos, más interesado en el proceso que en el resultado. La paradoja del estilo de Bonnefoy consiste en su facilidad para la intensa particularidad, basada en la observación de los procesos naturales, descritos a escala épica, preñada de la consistencia estructural de un Wordsworth, un Milton, o un Shakespeare. Como ellos, subordina sus dones líricos a la expresión de lo inefable: “toda su existencia futura ya ha quedado afectada. Con la memoria de esos seres de horizonte contemplará a otros que sólo son de aquí” (“Observaciones…”).
Elude el autor de Las tablas curvas (2003) lo musical y lo preciso, en beneficio de lo sublime. Reacias a la distinción de lo real y lo falso, lo acabado de lo meramente escrito, sus estrofas no discriminan entre el registro del acontecimiento y los procesos de lo poético: “Adán y Eva se ven, se reconocen (…) es cosa de pocos instantes, una prisa distinta, (…) una participación que anuda el uno al otro hacia no se sabe dónde, en otra especie de noche” (“Otra variante”). Heredero del movimiento surrealista (con el que, sin embargo, rompe en 1947), un orden interno promulga una justificación (de clase) para la espontaneidad.
En La hora presente, por otra parte, la retórica se extiende en miríadas de probabilidades y extremos apocalípticos: “¿Un nombre? / Una cosa redonda y luminosa, inmóvil” (“El nombre…, III”). La influencia del discurso se extiende más allá de la mera creencia, se diluye entre la imagen y la alegoría, tentado por equivalencias morales: “¿La barca? No, borro esta imagen / que sólo sirve al sueño” (“La bufanda…, II”). Se reflexiona sobre el lenguaje; se sueña con la recuperación de un tiempo y lugar en que la palabra y la cosa eran uno, no entidades separadas, abstractas, dentro de la metáfora: “Quiero nombrarte para recordar” (“Dar nombres”).
Varias lecturas lo asolan, pero el poeta de Del movimiento y de la inmovilidad de Douve, (1953) hace caso omiso de todas ellas: afila su cuchillo en espera del lector, su víctima: “Envejecimos. Esta agua, nuestra esperanza” (“Nuestras manos…”). Escritura en esencia dramática, en tres dimensiones, evento en la imaginación tanto del emisor como del receptor, en los poemas de Bonnefoy una abstracción cansada se relaciona con el mundo de forma directa, se enfrenta a él y sobrevive a los embates. En estos dos volúmenes esenciales habita “cada cual asombrándose de ser lo que es (…) sobre un más allá que tiene rumores de torrente que ruge sin parar al fondo de un abismo” (“Hamlet…”).

Texto: José de María Romero