ISSN 1989-1938
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Revista de pensament musical en V.O.

Entrevista amb Christina Scheppelmann


CARME MIRÓ

Christina Scheppelmann té 52 anys. És la directora artística del Gran Teatre del Liceu. Nascuda a Hamburg, ha desenvolupat la seva carrera professional a l’Ópera de San Francisco, la Washington National Opera i la Royal Opera House de Muscat (Omán). És la primera dona que assumeix la màxima responsabilitat artística del Liceu.

Fotografia ©Sara del Valle

Hay que encontrar un desarrollo natural de la ópera que pueda captar el interés, la imaginación y la sensibilidad de la sociedad actual y avanzar en esta dirección.

CM: Después de Omán, Barcelona…
CS: La verdad es que hubiera preferido quedarme un año o dos años más en Omán. Por otra parte, ya sabemos que uno no elige el momento, sino que te elige el momento. No siempre te llegan las cosas en el momento en que crees que es ideal. Yo había trabajado aquí hace veinte años, mi padre creció en Barcelona, tengo primos aquí; hace veintitrés años que no he vivido en Europa. Barcelona es una ciudad que quiero mucho; el Teatre del Liceu lo quiero mucho (estaba aquí durante el incendio) y, sin duda, es uno de los teatros más importantes a nivel internacional. Así que para aceptar la propuesta de Barcelona lo tuve que pensar mucho porque Omán es un país muy interesante, muy bonito, con una cultura fascinante y tienen un respeto y una cordialidad que aquí (en Europa en general) se ha perdido un poco.No es que esté de acuerdo con todo y que todo sea maravilloso, no; me refiero al modo de tratara la gente: la amabilidad hace más agradable el trato con las personas. Por ejemplo, si lees la prensa, te das cuenta de que la gente generaliza muchísimo; es imposible creer que todo el mundo árabe es igual. He viajado mucho por aquella zona y he encontrado a gente fantástica, muy interesante, muy culta y muy educada. Hablan perfectamente el inglés, sin embargo, nosotros seguimos sin hablar árabe. Hay que reflexionar más y generalizar menos.
Estoy muy a gusto en Barcelona. Tengo mucho trabajo, pero me lo paso muy bien.

Fotografia ©Sara del Valle

CM: ¿Qué le sugiere el pasado histórico y emocional que tiene el Gran Teatre del Liceu?
CS: El Liceu siempre ha sido un teatro de grandes voces, que se ha conectado con el mercado internacional con producciones y coproducciones, y se ha abierto al mundo como un activo de cultura teatral.
Por otra parte, Cataluña ha aportado grandes voces al mundo internacional de la lírica como Vicente Sardinero, Victoria de los Ángeles, Montserrat Caballé, Jaume Aragall, Josep Carreras.
Es de dominio público que, ya hace mucho tiempo, hubo en el Liceu una afición –un grupo muy potente– wagneriana. Fue a principios del siglo xx, cuando escuchar la música de Richard Wagner se convirtió en una moda. No olvidemos (porque sería muy grave) que, después del estreno en Bayreuth, el primer Parsifal de Wagner se hizo aquí, en Barcelona(a las 10 de la noche del31 de diciembre de 1913, con el permiso de la familia Wagner).
Ahora creo que el público ha repartido un poco su interés hacia otros compositores. El teatro con música puede llegar a muchísima gente y no estoy de acuerdo en que la ópera sea solo para unos cuantos. Hay que encontrar un desarrollo natural de la ópera que pueda captar el interés, la imaginación y la sensibilidad de la sociedad actual y avanzar en esta dirección. La educación debe incidir en este aspecto: que la música llegue a todo el mundo, porque la sensibilidad musical es necesaria para el ser humano. Es necesario que los niños ya estén desde pequeños en contacto con la música.

Fotografia ©Sara del Valle

CM: ¿Tiene toda la libertad para programar?
CS:
Nadie tiene toda la libertad… ni Mozart, ni Donizetti, ni Verdi tuvieron la libertad para componer. Todo depende de lo que te encarguen, del presupuesto, el público, el tipo de subvenciones o el tiempo…Hay muchos factores que condicionan todo aquello que uno puede hacer. La total libertad no existe. Yo, por ejemplo, no voy a programar en Barcelona lo mismo que haría en Frankfurt o en Omán. En mi trabajo yo no puedo aplicar mi gusto personal, sino que se trata de hacer las cosas según las necesidades y las circunstancias del teatro y de la ciudad donde trabajes. Tengo una responsabilidad hacia el teatro, hacia el público, hacia la ciudad, hacia las entidades que nos subvencionan, hacia mi propia profesionalidad y mantengo mi integridad en mis cargos. El público puede tener sus gustos particulares, por supuesto, pero nos equivocamos cuando no nos gusta una función y decimos que fue una «mala función». No hay músicos, cantantes, coristas, maquinistas, personal de sala que vaya a trabajar para ofrecer un mal trabajo. Todos vienen para dar lo mejor dentro de sus posibilidades y esto, según mi opinión, merece respeto. Puede no gustarte, pero hay que respetar el esfuerzo y la profesionalidad de todos aquellos que montan y hacen posible el espectáculo. Esto sí que lo exijo.
A mí me interesa el diálogo con la crítica, pero no me gusta la crítica cuando en su tono no hay respeto.
En general, pienso que vivimos en un mundo con falta de valores; es un tema muy complicado. La buena convivencia se basa en ciertos principios, y desgraciadamente se ha perdido un poco la ética (creo que sí hay una crisis de valores) porque hemos desarrollado un egoísmo desmesurado. La sociedad debería hacer un esfuerzo para fomentar la integridad y la sinceridad, y creo que hay que tener sensibilidad hacia uno mismo y hacia los otros.

Fotografia ©Sara del Valle

CM: ¿El Gran Teatre del Liceu está preparado para representar cualquier obra de la historia de la ópera?
CS:
Y tanto que sí. Y tanto. Los técnicos lo montan todo. Los técnicos son esenciales para cualquier espectáculo. Cualquier persona que esté en el escenario debe tener la confianza de que no está en peligro, porque el escenario es un lugar muy peligroso; si desde el peine te cae un tornillo a la cabeza, fácilmente te mata. Es muy importante que el equipo técnico haga bien su trabajo para que ofrezca confianza. Para mí, la base de un teatro es el equipo técnico (que no se me enfade el coro…). Si el equipo técnico no pone las sillas, la luz justa, el atril para la orquesta, ¿cómo van a tocar? Antes de cada función tienen que montarlo todo y hay que poner de relieve que todos los trabajadores son importantes, desde la señora de la limpieza hasta yo, los músicos, cantantes… Por ejemplo, si llega un cantante y su ropa no está lavada, ¿qué se va a poner? Esto nos lleva a afirmar que montar un espectáculo es un trabajo de todos, de muchas personas que trabajan conjuntamente. Yo he visto técnicos con orgullo–con unas ganas de hacerlo bien– y también con ganas de escuchar, porque tienen sensibilidad y aprecian las diferencias de cada nueva producción. Sin duda, hacen bien su trabajo, tanto si les gusta como si no. No todos, pero sí muchos tienen interés en lo que está pasando musicalmente en el escenario. Pero, por encima de todo, tienen interés en que funcionen las cosas.

CM: ¿Tiene previsto crear un estudio de ópera en el Liceu?
CS:
Todos los estudios de las óperas tienen un propósito, que es dar un paso hacia adelante a parte de las instituciones educativas como una escuela de música o un conservatorio.
Lo primordial del estudio tiene que ser mostrar la realidad de lo que es un teatro de la ópera. Hay que sacar a los cantantes de la comodidad de la universidad y enseñarles a enfrentarse con la realidad. Tenemos diálogo y colaboración con el Conservatorio del Liceu, con el Esmuc, para que los estudiantes vengan a seguir los ensayos, para que vean cómo funciona una producción operística.
Ahora bien, si en algún momento podemos crear aunque sea un mini estudio de ópera, lo que haremos será sacarlos de la institución educativa para que aprendan lo que es la vida profesional. La vida real del cantante es muy dura y muy cruel; si no tienes la calidad, no se te contrata. Un cantante debe conocerse a sí mismo y saber lo que puede hacer y lo que no puede hacer. La ventaja de tener un estudio es que, si un joven quiere dedicarse a la profesión lírica, en este estudio va a tener a un pianista para preparar repertorios, se le va a dar apoyo para que pueda cantar bien. Lo que debe quedar muy claro es que el joven deberá rendir; si no demuestra que está aprendiendo, trabajando bien, haciendo la propia preparación, no seguirá. En Los Angeles, en San Francisco, si después del primer año no hay resultados, pues se le cancela el contrato. No es nada agradable, pero la vida no siempre es simpática.

CM: ¿Hay posibilidades de que se cree este estudio en el Liceu?
CS:
Es una cuestión económica. En este momento, no. No hay dinero. No todas las instituciones públicas aportan el dinero que se han comprometido a aportar y esto es una realidad. A pesar de esto, intentamos contratar cantantes jóvenes para que tengan posibilidades de desarrollar sus capacidades y adquirir experiencia. Esto sí que es una contribución al desarrollo del cantante.

CM: ¿Cuáles son sus objetivos?
CS:
En primer lugar, la calidad. La calidad de los equipos técnicos del teatro, que la tienen y mucha, de los músicos y los solistas. En segundo lugar, el respeto y el orgullo hacia nosotros mismos y hacia lo que estamos haciendo. Necesitamos subvenciones porque siempre ha sido así; Gaius Gilnius Maecenas (69 aC- 8 dC) apoyó a Homero y a Virgilio para que estudiaran y los resultados fueron extraordinarios. A lo largo de toda la historia siempre ha habido alguien que ha facilitado que los artistas se desarrollen y su trabajo repercuta en la sociedad. La música siempre forma parte de una sociedad educada y civilizada. La música es un elemento esencial para la sociedad.

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