ISSN 1989-1938
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Revista de pensament musical en V.O.

Mitze Katze


La novela Mitze Katze será publicada en 2016 por la editorial Amargord
 ©José de María Romero Barea

 

Mitze despierta. Deja atrás un torbellino donde lo raro es una forma de hermosura. Lo cotidiano una forma de lo extraordinario. La felicidad, desdicha. Mitze despierta. Todo lo arrastra a su paso el torbellino de una voz narrativa cuya potencia verbaltiene un alcance fuera de lo común, impropio de estos parajes. Como un orfebre enrabietado, como un ser mitológico obsesionado por la travesura, José de María Romero Barea mantiene bajo control su propio huracán narrativo, controla los efectos, los despuntes, las planicies en un alarde narrativo a valorar en su afán de asumir el riesgo, de no transitar por la calma, de explorar la forma hasta que el vendaval del verbo estire al límite una historia que merece ser contada. Mitze despierta. Media humanidad respira.

Jaime Priede
Mitze-katze-

Capítulo I

¿Corte, tajo o dentellada? ¿Pisada de paloma o huella de pie? ¿Dedo en sombra al que falta un trozo de uña o dedos sucios e intactos? Medio mundo despierta el mismo día y hora en que la otra mitad, del otro lado, se acuesta, el mismo minuto y casi el mismo segundo en que un huracán destroza ambas mitades, una hecatombe que arrastra idiotas, tumbas y torres, el huracán que nos tiene pendientes de un sueño. Suerte que estamos dentro, suerte que nos aferramos con garras y dientes y paciencia y el sueño nos hace la espera liviana, suerte que aún hay librerías y farmacias e iglesias (mudas, muchas y duchas. Dios, sodio y odio en ese maelstrom de ciencia, paciencia y conciencia), suerte que aún hay terrazas y puertos y niebla, niebla sobre los puertos y las terrazas (orden, contraorden: desorden), que podemos usar y abusar de la niebla y proyectar sobre ella nuestros sueños, ese huracán que arrastra libros y discos y sueños, veranos e inviernos. Media humanidad se arroja sobre la otra media mientras arrastra risas y años y sueños, retornos, recuerdos, libros que robamos junto a robos que nos libraron, libros que leímos hace tiempo o creímos haber leído a tiempo o jamás leímos, aunque hubiéramos jurado haberlo hecho, libros que regresan, junto a los otoños y los inviernos en los que los leímos, juntos, no revueltos, en ese huracán, junto a las ciudades a las que regresamos (soñando o despiertos), las ciudades en las que fuimos felices y nos felicitaron, (con puerto), las urbes que nos perturbaron y aún nos perturban con esa turba, el sueño, el retorno, el recuerdo, el remordimiento, la adolescencia o su sueño (la habitación de adolescente donde leímos o escuchamos o soñamos, pero sobre todo buscamos, juntos, no revueltos, en el maesltrom de citas, cuitas, cítaras y sueños, aquella habitación sin puerto donde venía a recalar la masturbación, la búsqueda, el tiempo). El viento arrastra a su paso la sábana de olvido con la que cubrimos las vergüenzas junto al pudor, la melancolía, el olvido, las grandes palabras junto a las pequeñas, la humanidad que duerme junto a la que despierta al huracán que la cubre de belleza y esputos, la dentellada junto a la herida, la cicatriz, la pisada de pezuña o la cagada de paloma, el dedo en sombra al que falta un trozo de uña, los dedos sucios y aún no tocados por la brisa, la misma que acaricia unos pezones inservibles, la piel curtida por la noche al raso, una muerte sin velones, sin rigor mortis ni mortaja, un huracán sin tumbas ni plañideras, un borrador que borra explicaciones y exorcismos, un lector que barre párpados, páginas y letras. El hijo es el padre del hombre, en el nombre del padre, del hijo, del sueño. La explicación se retrasa, al igual que el lugar del libro en que se habla de los párpados cerrados sobre un presagio, una intuición que es pisada de pezuña, paloma o pie, un rastro de sangre que no es uno sino varios, más de uno, un presagio que es puente sobre la ciudad que despliega sus alas y se alza sobre el huracán, borrando a su paso el acerado, batiendo sus alas sobre el padre y el hijo bajo el puente, el sueño que se retrasa y la explicación que se desespera. Llega el primer día y llega hasta hoy. Se anuncia en grandes titulares un huracán sobre la ciudad, en periódicos que el viento desordena sobre las aceras de la ciudad que despierta, el viento que se estrella contra una playa negra y sin nombre, el asfalto que respira aliviado de ese raro milagro que es la noche de verano, la luz de luna que es ausencia de luz y hace bien, la respiración de la noche que es asfixia y conocimiento, intuición de la muerte, sabiduría y riqueza, la ausencia de luz que es una forma de luz, una forma de emoción. Querer y no poder y aun así seguir queriendo, llenarse de aire los pulmones para ver, conocer. Lo raro es una forma de hermosura, lo cotidiano una forma de lo extraordinario, la felicidad es desdicha. El huracán sobre la playa es una acera donde conviven familias y palomas, un trozo de asfalto que dura diez de las doce milésimas que dura todo: el padre, el hijo, el sueño, la alegría con la que se abren las ventanas de la habitación del enfermo al día siguiente, después del entierro, la felicidad, la risa, la respiración, lo que regresa junto al cuerpo que se hunde. El tiempo no pasa, el balde con truños y orines y esputos se tira por la ventana, la voz del finado resuena triste y plateada desde los charcos. El timbre preocupado y monótono del torbellino arrastra humo, arena y sueño, destellos de la ciudad a punto de desaparecer, el raro brillo de sus torres, la ciudad que pudo ser sobre el agua turbia del río que la cruza. Lo raro se confabula con lo cotidiano. El padre, el hijo que es el padre del hombre, los ahogados que acuden a la orilla de esa playa negra como palomas hambrientas, las cáscaras, las cabezas de toro disecadas, las llamadas perdidas, las campanas que tocan a muerto y la alegría que todo lo barre, el huracán girando sobre su vórtice que acaba con todo. La muerte está tan cerca que nos acerca, la visita de los fantasmas es el hito de ese sueño que dura una milésima de segundo, suficiente para encontrarnos, y de allí volver a ir sin bajarnos. Volver tiene ese tipo de escenas en las que nos gusta estar. La ilusión se cae de puro vieja, la noche de verano es emoción y mediodía, la muerte da sentido a la vida, la ausencia a la presencia, la risa al infierno. El ciclón es pura pedrada contra los cristales de lo cotidiano. El tornado, el vendaval, el huracán asola unas costas que lucen hermosas, vistas por vez primera desde ese ojo. Media humanidad mata a pedradas a la otra media, luego roba y despedaza y devora los restos. Media humanidad respira y así pasan los días y los huracanes, la alegría, el éxtasis, la emoción a flor de piel, los sentidos arreglados junto a ese paisaje demediado de flores y tullidos. Llega la reconciliación tan esperada, la escandalera, el ciclón que arrastra a su paso sueño y tacones, besos y abrazos, las pisadas de paloma y las huellas, el dedo en sombra al que falta un trozo de uña y los dedos sucios e intactos, las fotografías, las miradas, las iglesias, las terrazas, los puertos y la niebla, las caricias, los retornos, los bosques a medianoche, la lejanía, la cercanía, lo bueno y lo malo, las letras, las páginas, los libros, la música, el verano, la conversación que se retoma justo donde la dejamos, la playa negra, los besos, los abrazos. Todo lo arrastra a su paso el tornado, el vendaval, el torbellino, el huracán que destruye la ciudad a la que Mitze despierta.

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José de María Romero Barea (Córdoba, España, 1972) es profesor, poeta, narrador, traductor y periodista cultural. Autor de Poesía (qué si no), cuya primera sección, el corazón el hueco, consta de la trilogía Resurrecciones (Asociación Cultura y Progreso, 2011), (mil novecientos setenta y) Dos (Ediciones en Huida, 2011) y Talismán (Editorial Anantes, 2012), del que la plaquette ridículo ciego feliz en mi sitio (Q Ave Press, 2012) es un adelanto.
Su poemario un mínimo de racionalidad un máximo de esperanza (Ediciones Alfar) aparecerá en breve. Las revistas literarias Luz Cultural, Universo La Maga, Transtierros y Nueva Grecia han publicado un adelanto del libro. Ha presentado el V Ciclo de Poesía Nadadora Sevilla-Córdoba 2014, ha participado en la XI edición de Cosmopoética, Poetas del Mundo en Córdoba, y en el 9º RCA Recital Chilango Andaluz.
José de María Romero Barea es autor, además, de la trilogía narrativa Interrupciones. Hilados Coreografiados (Ayuntamiento de Aguilar de la Frontera, 2012) abre la serie. Le siguen Haia, (Edizioni Nuova Cultura, Universidad de Bérgamo, Italia, 2015. Edición y estudio introductorio de Marina Bianchi) y Oblicuidades (en proceso de edición).
Romero Barea ha traducido el poemario de Curtis Bauer Spanish Sketchbook/España en dibujos (Ediciones en Huida, 2012), Disarmed/Inermes de Jeffrey Thomson (Q Ave Press, 2012) y Gerald Stern. Esta vez. Antología Poética (Vaso Roto, 2014). En la actualidad, trabaja en la versión en castellano de la narrativa del autor letón Osvalds Zebris.
José de María Romero Barea es crítico de narrativa, poesía, ensayo y novela gráfica. Ha sido coordinador de las I Jornadas de narrativa Sevilla 2014, que organiza la Asociación Colegial de Escritores de España (A.C.E.), a la cual pertenece. Además, es miembro de la AAEC-Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios y coordinador de las I Jornadas de Crítica Literaria ACE-Andalucía 2014. Pertenece a la Asociación Cooltura, Acción y Poesía y a la Asociación Nueva Grecia, así como al Circuito Literario Andaluz.
El autor colabora con sus reseñas, entrevistas y traducciones en publicaciones de ámbito nacional e internacional, en formato digital y en papel, entre otras: los diarios El País (“Cartas a Babelia”), Le Monde Diplomatique, La Vanguardia (Revista de Letras), y Andalucía Información (“Veredictos”); las revistas de divulgación Claves de Razón Práctica, Culturamas y Ábaco; las revistas de literatura Quaderni Iberoamericani (Italia), Resonancias (Francia), Lathouses, La Otra (México), Letralia (Venezuela), Literal y Contratiempo (EE.UU.), Sonograma (Barcelona), Quimera, Nayagua, Lecturas Sumergidas, El Cuaderno, El Placer de la lectura, Cuaderno Ático (Madrid), La manzana poética (Córdoba), Piedra del Molino (Cádiz), Estación Poesía y Nueva Grecia (Sevilla), de cuyo consejo de redacción forma parte.
Los volúmenes de próxima aparición La fortaleza de lo ilegible (Kokapeli Ediciones) y Asalto a lo impenetrable (Editorial Carpe Noctem), incluyen una amplia selección de artículos escritos por el autor.