ISSN 1989-1938
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Revista de pensament musical en V.O.

El Método Trager® y la práctica instrumental


Secció a càrrec d’ORIOL FERRÉ

AUTORA: Ona Cardona

Ritmo, vibraciones, fluidez, movimiento, libertad, resonancia, escucha, sensaciones, pausa, improvisación, conexión…

Al leer estas palabras podemos pensar que estamos hablando de música, pero en realidad también estamos refiriéndonos a algunos de los conceptos clave del Trager. Hay muchos puntos en común entre la música y el Trager, por esto funciona tan bien la relación entre estos dos mundos, donde el Trager actúa como una herramienta creativa para facilitar el proceso musical: estar cómodo y conectado con uno mismo, el instrumento y el público.

¿Qué es el Trager?

El Trager es un método de conciencia corporal que busca el bienestar personal a través de un movimiento libre y sin esfuerzo. Se trata de un proceso de aprendizaje en el que se reeduca al cuerpo-mente para que los movimientos confortables se integren en la vida cotidiana, a través de sensaciones placenteras.

sonograma-ona-cardonaUna sesión de Trager incluye un tiempo de trabajo corporal con contacto, normalmente en camilla, aunque también se puede realizar en silla o en el suelo. Con un toque cálido y respetuoso, el profesional moviliza las diferentes partes del cuerpo del receptor de una forma suave, con sutiles ondulaciones, vibraciones, elongaciones, siempre siguiendo el ritmo natural del cuerpo.

Quien recibe, descansa dejando su peso y con una actitud receptiva, observa las sensaciones que va sintiendo. Al tomar conciencia de lo que le sucede al cuerpo, notará como todos sus músculos se distienden, percibirá más espacio interior y una agradable sensación de conexión, libertad y ligereza.

Cuando el cuerpo es movido de forma pasiva, el nivel de escucha es mayor que cuando se realizan los movimientos por voluntad propia, dado que la atención está repartida entre el “hacer” y el “percibir”. Ocurre exactamente lo mismo en la música: es más fácil escuchar atentamente una grabación que hacerlo a la vez que se está tocando.

Esta primera parte de la sesión permite al receptor fijar en su memoria estas sensaciones placenteras, que podrá revivir cuando lo desee apelando a la capacidad que tiene el cuerpo de recordar una sensación del pasado y reproducirla nuevamente. Para ello, podrá ayudarse de unos sencillos movimientos realizados por él mismo sin esfuerzo: los “Mentastics”.

El término Mentastics proviene de la contracción de las palabras “mental” y “gimnasia”, ya que el movimiento está dirigido por la mente a partir de preguntas abiertas que facilitan el proceso de auto-conocimiento. Lejos de ser una tabla de ejercicios prescritos, los Mentastics son exploraciones del movimiento en las que el propio peso del cuerpo es utilizado para dinamizar cada una de sus partes de una forma fluida y creativa, como si se tratara de un juego.

La versatilidad del Trager permite adaptarse fácilmente a las necesidades de cada individuo, así que puede practicarse con personas de todas las edades y condiciones físicas. No es necesario ningún material específico pero se pueden incorporar objetos del entorno, incluido el instrumento.

Debemos aclarar que este método, creado por Milton Trager (California, 1908-1997), no es específico para músicos. Pero está especialmente indicado para las actividades interpretativas en las que el uso del cuerpo desempeña un papel determinante, de modo que bailarines, músicos y actores (también deportistas) pueden ver como se incrementa la eficacia de sus actuaciones.

La relajación y el sistema propioceptivo

Existen numerosas y variadas técnicas de relajación que pueden conducirnos a un profundo estado de quietud mental y corporal, muy importante para la práctica instrumental. Pero debemos tener en cuenta que tocar un instrumento es una acción compleja en la que tenemos que mover nuestro cuerpo de forma coordinada, leer o recordar la partitura, escuchar a los compañeros, controlar la respiración, tener en cuenta la acústica del lugar, y un largo etcétera.

Además de proporcionarnos una profunda relajación psicofísica, el Trager es también una buena herramienta para construir la unión entre esta sensación y el hecho de subir al escenario. No basta con saber relajarse sólo en unas condiciones ideales si éstas están lejos de la realidad de la actuación (público, focos, vestuario de concierto, corbata, tacones, cambio de temperatura), ya que el objetivo es estar distendido a la vez que despierto y activo. Al practicarse regularmente, dentro y fuera del estudio musical, el Trager se incorpora a nuestra vida como una nueva manera de hacer todo lo que ya hacíamos antes pero ahora de una forma más fácil y sin esfuerzo.

Es fundamental recordar que “relajado” no es sinónimo de flojo o sin energía, sino simplemente ausente de tensión. Rafael García ha bautizado como la “zona de confort” el estado de sincronización ideal entre pensamientos, emociones y movimientos, en el que los músculos funcionan de una forma coordinada, trabajando sólo los necesarios y además en su justa medida. Se trata de eso, de utilizar el tono muscular preciso y no más para realizar el movimiento que queremos hacer.

De esto se encarga el sistema propioceptivo, que regula la dirección y rango de movimiento de las partes corporales. Además de sustentar la acción motora planificada con respuestas automáticas, también actúa en el control del equilibrio y la coordinación, interviniendo en el desarrollo del esquema corporal.

Gracias al Trager como proceso de integración psicofísica, ya que armoniza el cuerpo con quien lo dirige, la mente, podemos reeducar nuestros receptores de la propiocepción para que transmitan la información que deseamos: realizar movimientos con el tono muscular justo. Para que un grupo muscular funcione óptimamente es esencial que el equilibrio entre trabajo y relajación de los músculos antagonistas sea el correcto. Por ejemplo, para que la elasticidad pulmonar pueda actuar libremente es necesario que los músculos de la caja torácica estén relajados para no retener el movimiento de espiración.

El Trager tiene una máxima: “less is more”, hacer menos para sentir más. Cuánto más pequeño y lento sea el movimiento, mejor podremos percibirlo. Ocurre lo mismo en el aprendizaje instrumental: se aconseja estudiar despacio todos los pasajes independientemente del tempo al que se tengan que interpretar, porque refinar los pequeños movimientos nos permitirá ser más eficaces en el resultado general.

A través de las sensaciones

Tomando conciencia del cuerpo, se profundiza en la escucha y se desarrolla la sensibilidad para poder confiar en las sensaciones corporales. Al sentir, podemos valorar otras opciones que desconocíamos o habíamos olvidado, y si estas sensaciones son placenteras, nuestro cuerpo estará receptivo y querrá más. Una vez se han experimentado esta sensaciones de bienestar ya se pueden revivir cuando se desee.

Algunas personas creen que el mundo de las sensaciones puede ser fuente de engaño… De hecho, F. M. Alexander habla de “cinestesia viciada” y desarrolla su técnica basándose únicamente en el razonamiento consciente. No obstante, añade: “Si es posible que las sensaciones se vuelvan indignas de confianza como medio de orientación, sin duda también habría de ser posible hacerlas de nuevo dignas de confianza”.

En el Trager se confía en las sensaciones ya que escucharlas es un acto de atención plena que requiere estar en el momento presente, aquí y ahora. Milton llamaba “Hook-Up” a este estado de presencia, de conexión consigo mismo y con lo que nos rodea, la esencia del Trager. Se puede incorporar el movimiento libre y sin esfuerzo para cultivar esta cualidad meditativa, por lo que puede decirse que, en cierto modo, el Trager es una forma de meditación en movimiento. En este sentido, muy útil para la práctica instrumental porque sin movimiento no hay música…

La comparación de las sensaciones es una herramienta muy directa e ilustrativa para perfilar la percepción de las diversas maneras de realizar un movimiento. En el Trager nos interesan sobretodo las sensaciones que se refieren a las cualidades ideales del movimiento: la ligereza, la facilidad, la fluidez, la libertad, etc.

Con el fin de observar mejor las sensaciones, el Trager utiliza la “pausa” para estar más presentes en la escucha, en reposo. Es durante este momento sin actividad externa cuando podemos percibir la resonancia de los movimientos realizados anteriormente y cómo nos sentimos ahora. Esta sensación es la que nos guía en la exploración del movimiento siguiente, por ejemplo: “ahora siento la mano más conectada con el codo, pero quizás el hombro está un poco tenso… ¿cómo podría moverse mi hombro de forma más libre?”

Las sensaciones que se perciben varían de una sesión a otra y también difieren según la persona. Es importante que cada cual las exponga con sus propias palabras, ya que así se potencia la creatividad y a la vez se refuerza la vivencia personal. Hay infinidad de maneras de expresar sensaciones iguales o muy parecidas: siento el brazo con más espacio dentro, muy esponjoso, flotando, como un bizcocho de yogur, ligero como un vals, etc. Lo que cuenta es que la sensación tenga una connotación positiva, que sea atractiva.

“El mal uso continuado desvirtúa la sensación de lo que es cómodo y, con el tiempo, vuelve engañosas las percepciones”, dijo Alexander. Ante una nueva propuesta, es probable que uno mismo no sepa si la sensación es cómoda o no, pero si no hay dolor ni tensión, el cuerpo le dará una oportunidad. Algo que inicialmente parezca “extraño”, con la repetición puede convertirse en cómodo, siempre y cuando la sensación que lo acompañe sea placentera.

El Trager no suele hablar de un buen o mal uso del cuerpo porque detrás de cada patrón de movimiento o postura hay una razón de ser. A menudo, lo que originó ese patrón (situación puntual, compensación, emoción) ha cambiado o desaparecido pero el cuerpo no se ha adaptado a esa modificación del entorno, de modo que perdura un hábito antiguo.

Los hábitos

Frecuentemente, un patrón que hace un tiempo tenía sentido se enquista y ya no sirve para un uso corporal eficiente. Sería el caso de los movimientos y postura que adquiere un niño al empezar a tocar un instrumento, cuyo cuerpo crece y se desarrolla mientras el tamaño del piano, oboe, batería, guitarra, permanece igual.

La capacidad de readaptarse a todo lo que nos rodea es imprescindible para mantener nuestro confort, siendo necesario un proceso de readecuación continuo para no perder eficiencia en el movimiento. El Trager implica un proceso de reeducación de los hábitos de movimiento puesto que ayuda a aprender otras formas de moverse que sean eficaces y que aporten un mayor bienestar.

Milton Trager insistía en el hecho de que todas las experiencias físicas y psíquicas, ya sean positivas o negativas, quedan grabadas en nuestra memoria inconsciente y no pueden ser borradas. Lo que sí está en nuestras manos es incorporar otras experiencias nuevas para que, una vez almacenadas, puedan reemplazar los hábitos existentes de tensión y bloqueo. Si estas nuevas experiencias están asociadas con sensaciones placenteras, será más fácil que el cuerpo esté receptivo a ellas y cuánto más las revivamos, más difícil será que los viejos patrones de tensión vuelvan a aparecer.

Durante el proceso de aprendizaje, la alternancia de patrones de tensión y distensión es normal. A medida que el cuerpo va acumulando más experiencias positivas que negativas, los viejos patrones quedan sepultados bajo los placenteros y cada vez es menos probable que vuelvan a emerger.

El lenguaje “tragerizado” y la creatividad

La herramienta verbal más utilizada en el Trager son las preguntas con respuesta abierta: una pregunta es formulada por la mente y la reacción del cuerpo es lo que nos responde. Milton habla de “preguntar y sentir la respuesta en los tejidos”, lo que guía al profesional en su exploración y también a uno mismo durante los Mentastics. Estas preguntas dejan espacio para la creatividad y permiten sorprendernos con la propia respuesta.

Además de usarlo para el movimiento, podemos emplear este recurso en la educación musical. Por ejemplo, en vez de decir: “Este pasaje es demasiado fuerte”, el profesor puede proponer al alumno algo así: “Cómo sería este pasaje un poco más suave?… de acuerdo, ¿y aún un poco más suave?”. Las preguntas abiertas permiten trabajar la gradación, de modo que los resultados se multiplican y enriquecen. El Trager es un trabajo de exploración de matices y sutilezas que no tiene fin. Como la forma de interpretar una obra musical, ¡hay tantas maneras como personas! Es más, ¡hay tantas maneras como momentos! Si se está presente, cada instante es irrepetible.

Por otro lado, cuando utilizamos vocabulario en positivo, estamos inspirando y guiando en lugar de negar o remarcar lo que está mal. Entre “no tan fuerte” y “más suave”, la Programación Neurolingüística (PNL) recomendaría la segunda opción ya que el cerebro no entiende el “no” y se queda con la imagen que acompaña la negación (“fuerte” en este caso), creando confusión.

El lenguaje verbal debe ser un estímulo más para explorar diferentes opciones, como lo hacen los niños: imaginando sin miedo a equivocarse, jugando con una actitud curiosa y dejándose sorprender. El Trager es una herramienta altamente creativa, por encima de lo que se hace lo principal es el “cómo”. Así, se pueden inventar e improvisar una gran variedad de Mentastics para cada persona y momento, siendo fundamental la manera como se realicen.

La prevención

La promoción de los hábitos saludables ha mejorado notablemente en el campo de la enseñanza musical, siendo corriente encontrar pósteres con estiramientos recomendados para antes y después de tocar. Pero leer unas indicaciones sin tener la conciencia corporal interiorizada no es garantía de realizarlos correctamente.

Bob Andersen explica que al estirar “la meta es reducir la tensión muscular y, como consecuencia, adquirir mayor facilidad de movimiento”, y añade de forma muy directa que no debe haber dolor. Desafortunadamente, el lema “no hay beneficio sin dolor” está muy presente en nuestra sociedad y numerosos estiramientos mal realizados se vuelven perjudiciales. Para saber hasta donde estirar es imprescindible saber escuchar lo que el cuerpo necesita en cada momento. La clave está en que la conciencia corporal sea global y continua, una actitud de escucha permanente incorporada en el día a día.

A priori, puede parecer complicado que un niño tome conciencia de si mismo como lo haría un adulto, pero si se hace como un juego será a la vez divertido y efectivo. Podemos estar haciendo Trager sin mencionar ningún músculo ni nomenclatura técnica, adaptándonos al mundo de referencias que el niño tenga en ese momento. Al imaginar que sobresale un lápiz de la punta de la nariz y dibujar alrededor nuestro con un trazo continuo y fluido, el cuello se relaja y se amplía el margen de movimiento; si este juego creativo (se pueden dibujar multitud de formas, explorar en diferentes direcciones, incluso pensar en colores…) despierta su interés, será más probable que el niño lo haga en casa y lo incorpore a su día a día. Si en cambio no le gusta dibujar, de poco servirá utilizar esta imagen, deberá buscarse otro recurso personalizado que capte su atención.

Los niños tienen menos hábitos de movimiento que les perjudiquen, o por lo menos no tan anclados, que los adultos. A lo largo de nuestra vida vamos acumulando una gran cantidad de tensiones, y por esto es tan importante ofrecer recursos a los más jóvenes para que puedan evitar el estrés y ocuparse de su propio bienestar.

Por una parte, la práctica regular del Trager es una eficaz herramienta para la prevención de la sobrecarga muscular, contracturas y movimiento restringido. Pero si la tensión excesiva ya se ha apropiado del cuerpo, el modo respetuoso y suave de este método es ideal para desbloquearlo sin dolor.

Ante una rigidez, resistencia o tensión, el profesional de Trager no intenta forzar un cambio, sino que trabaja de una forma más suave; esta técnica difiere de las utilizadas en el masaje y la fisioterapia tradicionales, en las que el profesional normalmente trabaja más duro y más profundo dentro del tejido. Esto no significa que el Trager no llegue a las capas musculares profundas, al contrario, invita a que los cambios se produzcan desde el interior, utilizando sutiles movimientos que llegan a una profundidad que el contacto manual no puede alcanzar.

Algunas ideas para ir practicando…

Milton animaba a no intentar hacer “bien” los Mentastics: “Deja que el movimiento se produzca espontáneamente, no lo intentes. Intentarlo implica un esfuerzo, y todo esfuerzo genera una tensión. Juega con tus sensaciones, sé paciente, tómate el tiempo de sentir, y simplemente deja que suceda…”

Para que los movimientos no se conviertan en una gimnasia automática, es importante tener presente los siguientes principios:

  • escucha tus sensaciones, aquí y ahora
  • juega con el peso de tu cuerpo, nunca con la fuerza
  • guía el movimiento con las preguntas abiertas
  • haz pausas para observar los cambios
  • diviértete, explora y déjate sorprender

Cada persona desarrolla los estilo cognitivos de diferente forma, así que ten en cuenta si predomina en ti uno más visual, auditivo o cinestésico, para elegir una idea que conecte mejor contigo (o el alumno). Aquí algunas sugerencias:

– Deja tus brazos colgando al lado del tronco y siente su peso. Mueve una mano como si hubiera un pequeño cascabel en la punta de cada dedo y quisieras hacerlos sonar. Juega con diferentes ritmos e imagina el volumen de sonido producido por los cascabeles. Pausa. ¿Puedes sentir el peso de tus dedos? ¿cómo notas el brazo? ¿y el hombro?. Compara la sensación con el otro lado. Sigue jugando con la misma mano ahora desplazándola por el espacio que te rodea, con diferentes ritmos… Pausa. ¿Qué percibes ahora?. Si te gusta la sensación, trata de buscarla ahora en el otro lado con movimientos similares.

– De pie, imagina que eres un alga en el fondo del mar y que tus pies se hunden 10 centímetros en la arena blanda. Sin perder el enraizamiento, busca la luz del sol alargando tu columna hacia arriba. Déjate mover suavemente por las corrientes marinas, cálidas, frías, más o menos rápidas… Tus brazos flotan en el agua y no hacen ningún esfuerzo para sostenerse. Pausa. Reinicia el movimiento imaginando que estás tocando tu instrumento. Pausa. Ahora tócalo manteniendo esas sensaciones.

– Cuando estés en el ensayo de orquesta, aprovecha los compases de espera para sentir el peso de la mandíbula, la lengua relajada descansa en el suelo de la boca y los labios están entreabiertos. Abre y cierra lentamente la mandíbula sin que los dientes se toquen, con un movimiento pequeño tal y como lo haría un pez.

– Deja los brazos a los lados y siente su peso mientras sacudes ligeramente las manos como si quisieras secarlas sin mojar el suelo. Con esas manos livianas, saca tu instrumento (o partes) del estuche, siente el peso del violín/ boquilla/ baqueta. Nota como tus brazos se inician en tu espalda y las manos no tienen que hacer ningún esfuerzo, los dedos bailan ligeros sobre el batidor/ llaves/ teclado.

– Cuando estudies, guía tu objetivo musical con preguntas abiertas: ¿cómo podría ser este pasaje más apasionado?… ¿y aún un poco más?. Fíjate en tu sensación y pregúntate: ¿cómo podría tocar con la mitad de esfuerzo?… ¿y con la mitad?… ¿y con la mitad?…

Es muy interesante tocar algún fragmento, hacer algunos Mentastics y después volver a tocarlo otra vez para percibir la diferencia en tu sensación y en el sonido resultante. También se puede incorporar el instrumento en medio del movimiento, para sentir su contacto y peso; realizar los Mentastics en la pausa de estudio, antes del concierto, etc.

Recuerda que estos movimientos sin esfuerzo pueden realizarse en cualquier momento y lugar. Muchos Mentastics son apenas perceptibles desde el exterior, de modo que pueden realizarse fácilmente en sitios públicos (¡incluido el escenario!) mientras se hace cola, se espera el autobús, se pasea… Integrándolos en la vida cotidiana, podremos sacarles el máximo provecho.

Oportunidades de Formación

El Método Trager se enseña en más de 20 países y su formación está diseñada para realizarse de una forma personalizada, con la libre combinación de cursos y profesores. La entidad Trager Internacional coordina las enseñanzas en todo el mundo, así como un programa de formación continua posterior a la obtención del diploma que garantiza un alto nivel de la práctica profesional internacional.

La formación para ser profesional del Método Trager consta de 3 niveles más un curso de Mentastics y otro de Anatomía y Fisiología. Entre un nivel y otro hay un periodo de prácticas con tutorías que guían el proceso educativo. La formación se extiende durante un periodo aproximado de 3 años.

La Asociación Método Trager® España, recientemente constituida, tiene como objetivo difundir el trabajo de Milton Trager para contribuir a una mayor calidad de vida de la sociedad. En Barcelona y San Sebastián se organizan cursos con profesores invitados de reconocido prestigio internacional, de modo que se puede realizar en España toda la formación completa hasta obtener el certificado profesional. Los cursos son traducidos simultáneamente al castellano y los grupos son reducidos para una mejor calidad de enseñanza.

Para un primer contacto con el Trager, se ofrecen periódicamente talleres introductorios de 8 horas en fin de semana, así como sesiones individuales y clases semanales de Mentastics en grupo.

Para consultar la oferta y más información:
www.trager.es

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Bibliografía

  • ANDERSON, Bob; Estirándose. Integral, 2001
  • CALAIS-GERMAIN, Blandine; La respiración. Anatomía para el movimiento – tomo IV. La liebre de marzo, 2006
  • CARRIÓN, Salvador y MARTÍNEZ, María; Enseñando a enseñar con PNL. PNL Books, 2009
  • GARCÍA, Rafael; Técnica Alexander para músicos. Robinbook, 2013
  • GELB, Michael; El cuerpo recobrado. Urano, 1987
  • OROZCO, Luis y SOLÉ, Joaquim; Tecnopatías del músico. Aritza Comunicación, 1996
  • TRAGER, Milton; Movement as a Way to Agelessness. A Guide to Trager Mentastics. Station Hill Press, 1995