ISSN 1989-1938
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Revista de pensament musical en V.O.

La sonoridad original de los Cuartetos de cuerda de J. C. Arriaga


JOSETXU OBREGÓN

Juan Crisóstomo Arriaga nació en Bilbao (Bizkaia, País Vasco) el 27 de enero de 1806 y falleció poco antes de cumplir los 20 años en París, el 16 de enero de 1826. Sin duda, y a pesar de su corta vida, es uno de los compositores más reconocidos de la historia musical del País Vasco, cuyos cuartetos de cuerda suponen una referencia fundamental en la literatura camerística a nivel europeo.
Existe una gran cantidad de grabaciones de los 3 cuartetos de cuerda que publicó en vida, algunas de una calidad realmente excepcional, pero siempre tuve interés por intentar buscar una versión con instrumentos y criterios de época que pudiera mostrar cómo hubieran sonado en su época. Algunas de las grabaciones existentes se acercan en mayor o menor medida a estas consideraciones históricas, pero con La Ritirata hemos tratado realmente de hacer un trabajo de investigación y posterior grabación para recuperar en la medida de lo posible aquel sonido del París de 1820.

Arriaga. Tema variado en cuarteto. Manuscrito. Museo del Teatro de Almagro

Arriaga. Tema variado en cuarteto. Manuscrito. Museo del Teatro de Almagro

Por supuesto antes de nada debo presentar a La Ritirata y a sus miembros: La Ritirata es una formación que surge tras mi especialización en música antigua en Holanda, donde tuve la inspiración de fantásticos músicos entre los que por supuesto podría destacar al mítico violoncellista Anner Bylsma, y con la idea de abordar la interpretación de la música antigua con criterios historicistas y con el uso de instrumentos de época. Con La Ritirata trato de abarcar un gran abanico de repertorio que va directamente relacionado con la evolución de mi instrumento, el violoncello: desde el Barroco, donde surgen las primeras composiciones para violoncello, hasta el primer Romanticismo, a partir del cual la diferencia entre la interpretación histórica del violoncello y la práctica “moderna” del instrumento se va haciendo cada vez más pequeña.
Mi admiración por Luigi Boccherini me llevó a bautizar al grupo con el nombre del último movimiento del célebre quinteto de Boccherini “La musica notturna delle strade di Madrid”. Porque no sólo considero que este músico de Lucca fue uno de los más interesantes compositores de su época, a pesar de vivir en el destierro de Arenas de San Pedro sirviendo al Infante Don Luis, sino que como violonchelista supuso toda una revolución técnica e interpretativa, alcanzando unas cotas de virtuosismo nunca vistas antes en el instrumento. Y es que, aunque parezca increíble, a estas alturas de la historia hay muchísimas partituras de Boccherini sin grabar, por lo que el nombre del grupo señalaba ya la intención de contribuir con nuestro esfuerzo a rescatar su música desconocida. Esta devoción boccheriniana se ha plasmado en varios discos que recogen algunas de sus sonatas y la integral de los tríos de cuerda Op. 34, nunca grabados en su conjunto con anterioridad.
Desde aquel 2007, año de la fundación de La Ritirata, la trayectoria del grupo ha ido experimentando un importante crecimiento, ganando visibilidad nacional e internacional. Se han sucedido las giras de conciertos por Europa, América y Asia y hemos podido grabar con las más importantes discográficas nacionales como Verso, Columna Música, Arsis y Cantus.
El último paso ha sido convertirnos en artistas del sello Glossa, ya que pasar a formar parte de un catálogo tan selecto de personalidades musicales, a las que he admirado desde siempre, ha sido un honor para nosotros. El primer fruto de esta colaboración fue el CD “Il Spiritillo Brando” que, con el nombre de una danza dedicada al duendecillo que recorre casa por casa las calles de Nápoles desde hace siglos, recoge los bailes que se danzaban en el Reino de Nápoles y en otras cortes durante las últimas décadas del Renacimiento y en la época barroca.
En nuestro disco más reciente, “Juan Crisóstomo de Arriaga: The complete string quartets on period instruments”, he contado con unos compañeros de lujo: el violinista Hiro Kurosaki, profesor en Viena, Salzburgo y Madrid y una de las figuras más destacadas en la interpretación histórica del violín en nuestros días, así como los especialistas en música antigua Miren Zeberio y Daniel Lorenzo, con violín y viola respectivamente.
El resultado de nuestro trabajo es este intento de aproximarnos al sonido y a las características interpretativas que pudieron tener los cuartetos del malogrado compositor en sus primeras interpretaciones. Y no solamente buscando una nueva visión de los famosos 3 cuartetos, sino añadiendo el “Tema variado en cuarteto” op. 17, una obra de juventud compuesta en Bilbao, y además su primera incursión en el género. Esta obra, incluida por primera vez en un CD junto a sus tres “hermanos mayores”, nos da una imagen clarísima de la rapidísima evolución compositiva de Arriaga en tan breve periodo de tiempo: se trata sin duda de un niño prodigio.
Con vistas a encontrar esta versión fiel a las intenciones del compositor, además de trabajar con la primera edición de los tres cuartetos, que es la fuente más cercana al manuscrito, y con el autógrafo del “Tema variado en cuarteto, op. 17”, cobró especial relevancia el facsímil del tratado del profesor de violín de Arriaga en el conservatorio de París, Pierre Baillot (L’art du violon, 1834). Este método, el más relevante de la escuela francesa de la época, explica en detalle consideraciones relativas a la realización de los ornamentos, la articulación, las digitaciones, los golpes de arco y el uso del vibrato. En nuestra grabación hemos seguido sus enseñanzas al pie de la letra, incluso adoptamos la disposición de los intérpretes que describe Baillot y que se puede observar en ilustraciones de la época, con los músicos sentados en círculo en torno a una «mesa-atril» y con los asistentes dispuestos a su alrededor, lejos de la posición habitual de las salas de conciertos actuales. En las “veladas musicales” del París de la época, los dos violines se situaban en los extremos, y en el centro la viola y el violonchelo, este último encima de una pequeña tarima y situado al lado del primer violín que, en muchas ocasiones, se sentaba en una banqueta de mayor altura que la de sus compañeros. Todo ello, por supuesto, haciendo uso de instrumentos de época, interpretados con los arcos y las cuerdas correspondientes, así como la utilización del violonchelo sin pica, ya que esta no sería introducida hasta aproximadamente veinte años más tarde.
El resultado muestra un gran cambio en el balance y escucha de las líneas del cuarteto que parece dar nueva vida a las obras, redescubriendo infinidad de detalles y sobre todo mostrando el dominio compositivo y estilístico de un Arriaga de 18 años que aún hoy conserva la capacidad de fascinar tanto a intérpretes como a público. Nunca sabremos hasta dónde hubiera podido llegar su producción de no haber sido por su prematura muerte. Sirva esta grabación como homenaje a un compositor que merece un destacado lugar en la historia de la música.

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