ISSN 1989-1938
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Revista de pensament musical en V.O.

El incómodo silencio de los olvidados


DELIA AGÚNDEZ

Interminable es la lista de compositores que han trazado la Historia de la Ópera desde el momento de su eclosión. Afortunadamente, los melómanos más eruditos han permitido la conservación de documentos que no solo permiten la transmisión de su legado sobre los escenarios sino que también facilitan a la sociedad un mayor conocimiento de su propio patrimonio. Sin embargo, la supervivencia histórica obedece inexorablemente a un proceso basado en criterios fundamentados en cuestiones sociales, políticas y, además en el caso de las Artes, en razones cualitativas o en la propia trascendencia para las generaciones venideras. Bajo esos patrones, la herencia de un artista puede ser conducida a la gloria inmortal o al más gélido de los olvidos, a veces, de forma injusta.

Hace ya cuatro meses que desapareció el 2013. Será recordado con acritud por el Estado español en lo que a gestión cultural se refiere. Dentro del campo que atañe a la ópera, se hicieron titánicos esfuerzos, en numerosos puntos de la geografía, para celebrar merecidos fastos a favor del aniversario de los nacimientos de Giuseppe Verdi (1813-1901) y Richard Wagner (1813-1883). En la presente temporada de teatros como el Gran Teatre del Liceu, por ejemplo, aún se anuncian montajes que continúan la estela de los numerosísimos conciertos, representaciones o actos que se llevaron a cabo el año pasado y que generaron placenteras satisfacciones en crítica y público. Algunos aficionados, no obstante, se incomodaron ante una inquietante sensación de vacío provocada por el silencio o ausencia de muchos otros personajes que igualmente hubieran merecido su propio homenaje.

Tomando una ligera licencia para escapar del ámbito puramente operístico, aunque sin abandonar la música vocal, hubo escasísimas oportunidades de conmemorar el aniversario del nacimiento del lautista inglés John Dowland (1563-1626) o el cuarto centenario de la muerte del genial Carlo Gesualdo (1566-1613), cuyos bizarros madrigales encarnaron un misterioso pero genial interrogante dentro de la prácticas musicales de su época.

Delta de l'Ebre ©Carme Miró

Delta de l’Ebre ©Carme Miró

Resulta igualmente llamativo no haber podido acudir a más representaciones de la famosísima Cavalleria Rusticana de Pietro Mascagni (1863-1945) o de acercarse a L´amico Fritz, su otra gran obra desconocida. Ciento cincuenta años pasaron desde que el compositor italiano vio la luz por vez primera. Pese a que tan solo hayan trascendido estos dos títulos de sus diecisiete composiciones operísticas, su figura permanece grabada en el Olimpo musical gracias a momentos musicales tan sublimes y populares como su famoso Intermezzo, dentro de la Cavalleria.

En su patria natal, Inglaterra, el centenario de Benjamin Britten (1913-1976) sí recibió su justa celebración pero fue más que discretísimo el desfile de su sombra por los escenarios y, más aún, por los teatros de ópera españoles. Y no es por falta de méritos, por descontado. ¿Por qué la temporada pasada no concedió un merecidísimo tiempo para refrescar producciones por las que sí se ha apostado durante los últimos años? Es el caso de Peter Grimes, The Turn of the Screw, A Midsummer Night´s Dream o Death in Venice. El público del Teatro Real tendrá la suerte de disfrutar de ésta última en diciembre de 2014. El homenaje, aunque tardío teniendo en cuenta la fecha, se agradece sinceramente.

Francis Poulenc(1899-1963) falleció un frío día de enero. Tras de sí, quedó una vasta obra musical donde exploró, prácticamente, todos los géneros musicales. Fue en la ópera donde consiguió grandísimos hitos, a pesar de que tan solo llevó a cabo tres. Difícilmente insuperable es el final de su celebérrima y mítica Dialogues de Carmélites, que aún recuerdan, después de un par de años, los aficionados al Teatro Real madrileño. Sin embargo, también merece una digna mención el dramático monólogo en un acto que imprimió en La voix humaine, ópera que se recuperó en espacios minoritarios y que por fin pudo gozar el gran público, durante tres días de abril, en los Teatros del Canal de Madrid. Por su parte, Les mamelles de Tiresias, ópera bufa en dos actos, basada en un texto de Apollinaire, tampoco merece caer en un depresivo rincón. Fue representada en el Liceu barcelonés y en el Teatro Arriaga bilbaíno. Eso sí, en la temporada 2009-2010.

Aunque sin tanta trascendencia en el ámbito operístico, se cumplió también el cincuenta aniversario de la triste desaparición del compositor alemán Paul Hindemith (1895-1963). Hubiera sido interesante permitir el redescubrimiento de Ida y vuelta (Hinund Zurück) o Matías el pintor (Mathis der Maler), interpretadas hace ya demasiado tiempo en nuestro país.

Todo apunta a que Richard Strauss y Carl Philipp Emanuel Bach serán las figuras más laureadas en este 2014. Sin embargo, ya se han presenciado agradecidos amagos de reconocimiento a otros compositores, como es el caso de la Alceste de Christoph Willibald Gluck (1714-1787). Con disparidad de opiniones en su acogida, fue representada en el Teatro Real a lo largo del pasado marzo. Aún quedan meses para descifrar esperanzadamente cuántos serán los creadores que, habiendo alcanzado una fecha simbólica, tendrán la fortuna de ser recordados y, por encima de todo, escuchados. Es la única manera de evitar su paulatina disolución entre las incontables páginas que, sin pausa, quedan estampadas en el colosal inventario de la historia humana.

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