ISSN 1989-1938
Espai web patrocinat per:
Revista de pensament musical en V.O.

La cosa del arte en Tàpies, o la insustancialidad del ser


Exposición: Tàpies. Desde el interior
Comisario: Vicent Todolí
Organiza: Fundació Antoni Tàpies y Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC).
Sala: Fundació Antoni Tàpies
Fechas: 21 junio 2013 – 3 noviembre 2013

La cosa del arte, la materia, lo que indudable y obscenamente es, convertido en objeto de contemplación, de respeto o difamación (como si su grito no fuera los suficientemente penetrante y se dejara obturar en la inteligencia o la terquedad), todo ello reclama en Antoni Tàpies un protagonismo paradójico y fecundo. La cosa que es, y que se eleva a un estatus de más que mera cosa -al de obra, o artefacto- es en efecto arte, pero sólo en la medida que suscita la perplejidad desde lo cotidiano e insustancial de su ser.

Antoni Tàpies, Matèria, 1962 © Fundació Antoni Tàpies, Barcelona / Vegap. De la fotografia: © Gasull Fotografia, 2013

Antoni Tàpies, Matèria, 1962 © Fundació Antoni Tàpies, Barcelona / Vegap. De la fotografia: © Gasull Fotografia, 2013

Ésa es la sustancia de las cosas que son representadas por el artista catalán: el milagro de que pudiendo no-ser y casi no mereciéndolo por su pobre, escasa realidad –afirmación a entender extra-moralmente-, sin embargo sean.

“Materia” es en Tàpies lo sustancialmente duro, pero también lo resbaladizo y pregnante: la miel que fija el lienzo, que se desparrama para velar una sensualidad crítica. “Materia” es incluso -en última instancia- lo inexistente, que da forma al vacío: el no-ser que se abre paso en surco rectilíneo, una estela que horada el grumo y escinde la superficie, cavando una fosa que se topa con otra en inequívoco e imperfecto ángulo recto. La cruz. Es en hueco o irreal, brochazo negro o incisión mínima, como de punta de compás. La cruz vive de su irrealidad. La cruz no puede no-ser en absoluto, es la firma del artista. Mas tampoco puede ser absolutamente. Es el rastro, la huella de una desaparición.

Antoni Tàpies, Porta roja, 1995 © Fundació Antoni Tàpies, Barcelona / Vegap. De la fotografia: © Gasull Fotografia, 2013

Antoni Tàpies, Porta roja, 1995 © Fundació Antoni Tàpies, Barcelona / Vegap. De la fotografia: © Gasull Fotografia, 2013

El punto de fuga, la intersección. La presencia de una ausencia ontológica. Idéntica a la inicial del apellido, irrepetible en su multiplicidad, es el principio y el fin: crucifixión que beatifica, lastre inmerecido que libera, que rubrica la elevación cuando se cumple el hundimiento, la realidad del absurdo. La cosa que no puede ser y que precisamente es desde su no-poder-ser.

Una puerta roja, ventanal sin cristales que se resquebraja en la parcela recubierta de negro bajo la mirada de unos ojos y el signo de la cruz; un lienzo arrugado desde su mismo centro por el clavo que sustenta; una lata de pintura que irrumpe rasgando la superficie desde una realidad otra, anterior al cuadro; un párpado delicadamente cerrado sobre el cual se abisma la sombra de dos pequeños garfios, con el taburete caído, abajo, que sugiere la deriva suicida; un farcell de vida y muerte que cuelga como fruto sabroso o saco de estiércol, órgano repleto de pulpa y semillas o carcasa, péndulo que acompasa el ciclo vital hasta el cortejo fúnebre. Son algunas de las creaciones incluidas en esta muestra bajo el título Tàpies desde el interior, debido a la pertenencia de las obras al ámbito íntimo o privado, en cualquier caso más cercano al propio creador. Pero como tantos rótulos, almacena en su afán significativo un punto de profunda y sintomática insensatez.

Antoni Tàpies, Forma negre sobre quadrat gris, 1960 © Fundació Antoni Tàpies, Barcelona / Vegap. De la fotografia: © Gasull Fotografia, 2013

Antoni Tàpies, Forma negre sobre quadrat gris, 1960 © Fundació Antoni Tàpies, Barcelona / Vegap. De la fotografia: © Gasull Fotografia, 2013

Evidencia aquella vacuidad del propósito de Tàpies: el no-ser de la sustancia, insustancialidad de la realidad de la cosa como objeto de arte, como materia que es más allá de la vana cotidianidad a la que pertenece, casi no siendo.

Aquel milagro, la transfiguración de la realidad que en su profunda vulgaridad pasa desapercibida, es aquí explicitado. Pero se trata de una alquimia que nada sublima, al menos no al platónico modo: detrás del plástico sucio que recubre un lienzo no se encuentra una superficie prístina o imagen perfecta, ideal, sino otra suciedad distinta, que revela la verdad de la apariencia que recubre lo que aparece como pudiendo no-ser. “A la physis le gusta ocultarse”, había escrito un sabio anterior a la filosofía. Un aforismo que patentiza lo no-evidente, acredita lo no-verdadero, actualiza la posibilidad de lo no-real cuestionando todo lo sabido.

Antoni Tàpies, Parla, parla, 1992 © Fundació Antoni Tàpies, Barcelona / Vegap. De la fotografia: © Gasull Fotografia, 2013

Antoni Tàpies, Parla, parla, 1992 © Fundació Antoni Tàpies, Barcelona / Vegap. De la fotografia: © Gasull Fotografia, 2013

Pero, ¿es acaso suficiente? El vacío de ser en Tàpies, el sentido que rehúye toda cosificación desde su obstinada apariencia cósica no se despeja revelando o exponiendo la supuesta intimidad del interior, lo aparentemente más real.

Antoni Tàpies, Porta metàl·lica i violí, 1956 © Fundació Antoni Tàpies, Barcelona / Vegap. De la fotografia: © Gasull Fotografia, 2013

Antoni Tàpies, Porta metàl·lica i violí, 1956 © Fundació Antoni Tàpies, Barcelona / Vegap. De la fotografia: © Gasull Fotografia, 2013

¿Qué es esto? ¿Qué es aquello? ¿Qué es qué? Y, en última instancia, ¿qué (cosa) soy yo? ¿Soy? Preguntas que no sólo no desaparecen debido al aspecto matérico de la obra de Tàpies, sino que vibran y se imponen como insalvables. Ignorarlas es creer que se está en disposición de entender.

La oclusión es casi total en la pretensión reveladora, en el candor de algunas iniciativas bienintencionadas que exponen a Tàpies, que lo explanan; la oclusión habilita, de hecho, la comprensión en la mostración sagrada de lo banal sacralizado, el juego al que el propio artista parece jugar con la equívoca inspiración de un Heráclito. Descifrar su simbología, sus números, por supuesto permite adentrarnos en algunas de las referencias culturales, ideas o formas puras que articulan la posible coherencia de su discurso artístico. Es tarea del experto identificar y traducir lo intraducible de los términos orientales, desentrañar la ausencia de ciertas cifras para gloria de la combinatoria luliana, analizar la composición de los materiales que se desintegran en su exposición material.

Antoni Tàpies, Capsa, 1993 © Fundació Antoni Tàpies, Barcelona / Vegap. De la fotografia: © Gasull Fotografia, 2013

Antoni Tàpies, Capsa, 1993 © Fundació Antoni Tàpies, Barcelona / Vegap. De la fotografia: © Gasull Fotografia, 2013

Con todo, se demuestra una ingenuidad inteligente à la Magritte al confiar, como confiaban los gnósticos, en la salvación a través del conocimiento, a través de la posesión de la palabra filosófica o religiosamente anhelada: clave de acceso a la realidad ultramundana que repararía el inevitable resquebrajamiento. Ciertamente son “Coneixement i amor” palabras que como un mantra retoma Tàpies, pero que también maltrata, tacha e invierte especularmente.

¿Es posible que la solución resida en el mismo enigma, en lo insustancial de los objetos? El secreto de la intimidad, el interior que se reivindica y expone habrá de permanecer intacto y mancillado, en perfecta coherencia para con la propuesta del artista. Realidad sucia, grotesca y milagrosa en su injustificado apremio por ser.

 

 

Texto: Jacobo Zabalo Puig