ISSN 1989-1938
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Revista de pensament musical en V.O.

La asignatura de lenguaje musical para adultos y la formación docente para impartirla


ANA M. VERNIA CARRASCO

La formación musical de adultos atiende a una serie de características, circunstancias y contextos que hay que tener en cuenta. No se puede escolarizar al adulto ni en el mismo espacio ni tiempo que un niño. Hay que tener en cuenta las características físicas y psicológicas del adulto, intereses y motivaciones que le impulsan a formarse en la música, así como sus conocimientos previos. Cada caso planteará una manera de actuación metodológica con unos contenidos que deben ser adaptados, pero no deben descuidarse los objetivos y contenidos propios de la asignatura, porque parte de la motivación, tanto en niños como en adultos, viene de la consecución de los contenidos adquiridos así como la funcionalidad de los mismos.

1. Introducción

Desarrollar cualquier asignatura requiere del compromiso del docente, su implicación y su conocimiento de aquello que va a enseñar, pero sobre todo se debe tener presente a qué tipo de alumnado se dirige, pues no asimilan los contenidos de la misma manera un niño, un adolescente o un adulto. En primer lugar hay que plantear qué significa ser adulto, cuáles son sus características, intereses o motivaciones, cuál es su contexto socioeconómico o su bagaje cultural y nivel de estudios, pues el tipo de alumnado determinará la metodología utilizada y la confección de la programación didáctica así como todo el proceso educativo, horarios y espacios.

Becoming a Light - pure, shining,and free ©Alisa Cone Camberlan

Becoming a Light – pure, shining,and free ©Alisa Cone Camberlan

El concepto de Educación Musical debe entenderse más allá del simple aprendizaje musical y su especialización, pues la demanda en la formación musical no se limita a producir profesionales de la música, si no también público que goce del hecho musical, como público no especialista pero si especial, que pueda valorar de una manera más amplia lo que escucha y lo que aprende, sin la necesidad de ser un experto pero con un mínimo bagaje musical que facilite la audición crítica y significativa por el placer de escuchar o hacer música, y no sólo por los beneficios que esta nos aporta, que son muchos.
Respecto a la formación docente de música y en el ámbito pedagógico y didáctico, se arrastra un lastre importe, pues es reciente que en los conservatorios empieza a tener un poco de peso la asignatura de pedagogía, incluso se puede escoger esta rama en el nivel superior, a pesar de que la relevancia en didáctica no sea suficientemente importante para la preparación que se debe tener cuando se va asumir una tarea docente. A este problema se añaden de nuevos como el tipo de alumnado, pues el abanico de posibilidades que nos puede ofrecer una escuela de música va de niños que incluso aún no han nacido (embarazadas) hasta adultos mayores de edad avanzada y, ¿realmente estamos preparados y conocemos las características de cada uno? Parece que la respuesta es evidente pero la solución no lo es tanto y sobre todo por lo que respecta a la franja adulta.

 

2. Adulto

Atendiendo a la etimología, la palabra adulto es el participio pasado adolescere palabra que viene del latín y significa crecer. Literalmente sería quien ha dejado de crecer. Según Ludojoski (1978), el ser humano adulto se caracteriza por la aceptación de responsabilidades, teniendo en cuenta las consecuencias de sus actuaciones detrás de una previa reflexión, el procedimiento basado en un análisis objetivo de la realidad y el equilibrio de la personalidad.
Asimismo, González y Gisbert (1990) distinguen las siguientes cinco etapas en la educación de adultos:

a) (21-25 años) inicio de la edad adulta.
b) (25-40 años) edad adulta media.
c) (40-55 años) edad de la madurez.
d) (55-65 años) edad del preretiro.
e) (65- en lo sucesivo) tercera edad.

Estas etapas nos permiten tener una visión más clara por lo que respecta a plantear una enseñanza de calidad.

2.1. Motivaciones e intereses

El adulto, explica García Aretio (1998), tiene autonomía y capacidad de elegir intuyendo los posibles efectos y consecuencias de sus decisiones. El conocimiento del alumno con respecto a las dificultades o motivaciones facilitará la elección metodológica. Este autor cita algunos motivos por los que el adulto vuelve aprender:

Para satisfacer sus necesidades:

  • Basándose en la utilidad de los objetivos y prefiriendo las respuestas a las preguntas.
  • Por necesidades culturales o científicas no teniendo por qué coincidir con el trabajo que ejerce.
  • Adaptándose a las características de la sociedad actual.
  • La obtención de un certificado o título que le permita promocionar en su trabajo y el reconocimiento de su capacidad.
  • La oportunidad de aprender lo que por circunstancias no pudo acceder.

Para aplicar y reciclarse:

  • Tiene posibilidades de aplicar lo que aprendió y posee conocimientos previos.
  • Adquirir conocimientos de su especialidad que mejoran en su trabajo y rendimiento profesional.
  • Permitiendo que los nuevos conocimientos le permitan pasar al “saber hacer” sin dificultad.

Para cambiar de vida:

  • Adaptarse a nuevas situaciones que se desprenden de cambios de vida (trabajo, jubilación, matrimonio…).
  • Como respuesta a cambios significativos que incrementan la motivación.
  • Como ayuda en la transición a cambios de vida.
  •  Conseguir una vida más llena con nuevas experiencias y estímulos.
  •  Aumento de la autoestima y por conocer lo que desconoce además de adquirir nuevos conocimientos y destrezas.
  • Cambios provocados por la búsqueda de nuevas experiencias de aprendizaje.

Respecto a la Educación Musical, ¿cuáles son las motivaciones e intereses por los que el alumnado adulto opta a la educación musical? Preguntamos a unos alumnos de clase de lenguaje musical y sus respuestas fueron:

  • La asignatura pendiente. Siempre habían deseado estudiarla pero por varios motivos no habían podido.
  • Ayudar a sus hijos, que estudian música.
  • Por desconectar de la rutina diaria de trabajo y familia.
  • Por llenar el tiempo libre, de ocio.
  • Por aumentar sus conocimientos artísticos y culturales

Estos motivos serán fundamentales a la hora de programar los contenidos y actividades, pues no nos encontraremos una clase homogénea en este sentido y deberemos adaptar tanto los contenidos como el ritmo de la clase en el proceso de enseñanza – aprendizaje.

  • Tendremos alumnos que por su horario de trabajo u obligaciones familiares no dispondrá de tiempo de estudio en casa con lo cual su aprendizaje será más lento que otro con entera disposición.
  • Tendremos alumnado que por su bagaje cultural y formación asimilará los contenidos de una manera más fácil.
  • Tendremos alumnado que por el motivo anterior se planteará dudas complicadas, cuestionando cada práctica.
  • Tendremos alumnado que nos pedirá ir al mismo ritmo que el aprendizaje de sus hijos para compartir tareas.
  • Tendremos alumnado que sólo buscará la manera de aprender fácil y rápido, gozando de un simple fragmento musical que sea capaz de interpretar.

Atendiendo a lo anterior, no podemos plantear una clase de lenguaje musical de la misma manera que lo haríamos con niños o adolescentes, tampoco la metodología debería ser la misma ni los recursos y materiales didácticos, los cuales pueden servir de inspiración pero no utilizarse como un dogma.
El adulto desea aprender de manera funcional y rápida, que su aprendizaje sea práctico y significativo. Las actividades de carácter lúdico las encuentran, en general poco aptas para su edad y eso significa que cuando hacen algún ejercicio de expresión corporal o de cariz interpretativo delante de los compañeros, pasen vergüenza, excusándose de alguna manera para esconder el elevado sentido del ridículo que poseen.

Los más pequeños no suelen mostrar este tipo de actitudes, pues contrariamente demandan actividades que implican el juego, el movimiento, el canto o la interpretación con sus compañeros. Estas diferenciaciones entre adultos y otro tipo de alumnado plantean diferentes acciones según a quien dirigimos la educación, así también las nomenclaturas cambian. En la siguiente figura podemos ver algunas de las Ciencias Agógicas

La Paidagogía, estudia la educación de niños en su etapa de preescolar de 3 hasta 6 años de edad.

La Pedagogía estudia la educación del niño en su etapa de Educación Básica.

La Hebegogia estudia la educación del adolescente en su etapa de Educación Media y diversificada.

La Andragogía estudia la educación de las personas adultas hasta la madurez.

La Gerontogogía estudia la educación de adultos en su tercera edad.

Fig. 1: Ciencias Agógicas

Como se muestra en la figura anterior, según la edad o la etapa de desarrollo la educación se denomina de una u otra manera, escogiendo en nuestro caso el término andragogía.
Mientras que la palabra pedagogía proviene del griego paidos (niño) y agogus (guía), andragogía se forma de andros(hombre). El término andragogía fue acuñado por el profesor alemán Alexánder Kapp, en 1833, en su libro Las Ideas Educacionales de Platón. Aunque su difusión y sistematización se debe a Malcom Knowles, quien estableció en las décadas de los 70 y 80, la teoría de un modelo andragógico para contraponerlo a un modelo pedagógico, introduciéndolo en 1984 en USA. Para Knowles el aprendizaje se fundamenta en dos modelos, el pedagógico y el andragógico (Natale 2003).
Knowles (2001), en su definición de andragogía señala esta como el arte y la ciencia de ayudar a aprender a los adultos, su fundamento está en las supuestas diferencias entre niños y adultos.

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