ISSN 1989-1938
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Revista de pensament musical en V.O.

Entrevista a Fabio Biondi


CARME MIRÓ

A principios del mes de agosto de 2012, en el Nordland Musikkfestuke, que anualmente se celebra en Bodø (Noruega), Sonograma Magazine entrevistó a Fabio Biondi (Palermo, 1961). El violinista y director de orquesta italiano es experto en música barroca. En 1990 fundó Europa Galante, una formación de cámara especializada en música antigua que ha conseguido un gran prestigio internacional. Fabio Biondi, libre de dogmatismos, se dedica a la investigación musicológica en una ferviente actividad. Músico extravertido, que no encaja en ningún cliché, reflexiona sobre la necesidad de una educación equilibra en un mundo globalizado asediado por la superficialidad y la velocidad.

Fabio Biondi  ©Fotografía Maria Ivanova

Fabio Biondi ©Fotografía Maria Ivanova

Carme Miró: ¿Cuáles fueron los objetivos principales de Europa Galante?
Fabio Biondi: El conjunto nació a finales del 1989 con la idea de crear una discográfica para dar una mirada más meridional a la música barroca. Ante todo, queríamos proporcionar una visión singular desde Italia porque los temperamentos de los países del sur son diferentes a los del norte. En honor a la verdad hay que decir que nunca hemos recibido ninguna subvención y seguimos trabajando gracias a la buena acogida del público. Pienso que es muy importante ofrecer más educación para que el oyente pueda comprender las obras en su contexto original. El público merece saber que lo que se escucha hoy en día es, ni más ni menos, que una modificación a posteriori de la partitura que contiene la idea original del compositor.

CM: ¿Qué criterios sigue para recuperar la música barroca?
FB: Estudio aquellas obras desconocidas de autores poco prolijos, pero que han escrito obras de una calidad compositiva innegable.
Me interesa recuperar no el punto de vista de la interpretación contemporánea sino el concepto histórico, sociológico y estilístico que en aquel momento predominaba. Debemos hacer un esfuerzo para comunicar al oyente que la música no es una travesía de puertas que se abren y se cierran, es decir que el barroco, el clasicismo o el romanticismo son estilos distintos que guardan relaciones entre sí y mantienen una continuidad que da sentido a los conceptos historicistas. Es como una corriente de agua que fluye; es este arte de fluir lo que me apasiona y me empuja a recuperar la visión de nuestros antepasados. Busco siempre los autógrafos o las copias más fiables que conservan los signos e instrucciones musicales originales. Hay que ser muy cuidadoso con el momento de elegir porque a lo largo de los siglos se han ido acumulando errores (algunos de ellos garrafales) en las versiones que son copias de copias y, en algunos casos, pueden llegar a ser interpretaciones y suposiciones (gratuitas) que los copistas han hecho sobre las obras de diversos autores. Mi metodología consiste en despojar la partitura original de toda esta acumulación de errores de escritura o interpretación y ofrecer una nueva versión que sea más fiel al autógrafo o manuscrito original, de manera que el oyente tenga a su disposición nuevos criterios de escucha. En nuestra interpretaciones utilizamos instrumentos originales y en consecuencia, el sonido y el timbre construyen un campo fónico muy diferente. Es de este modo como la audiencia puede llegar a pensar que se trata de una obra diferente; esto es lo que yo deseo, que los oyentes aprendan con su atenta escucha a comprender la evolución musical. Actualmente la música barroca es muy popular, mediocre y muy gastada porque se ha puesto de moda.
Mucha gente se quedaría parada de saber que, en su época, justamente, algunas obras no fueron aceptadas por el público, como ahora ocurre con la música contemporánea.

CM: ¿Qué representa Vivaldi para usted?
FB: Debo decir que Vivaldi ha sido para mí como un amuleto: me ha acompañado durante toda mi vida.
Creo que la ópera Bajazet, la última ópera del compositor italiano que hemos estrenado, fue compuesta cuando marchó con Anna Giró, justo unos meses antes de su muerte.
Me han criticado que el dueto de amor lo interpretasen dos mujeres; en efecto, defiendo que hay que mostrar al público como se interpretaba la música en aquellos tiempos y poner de relieve que la voz de los contratenores era una voz artificial, que sólo cantaban en las iglesias, pero no en los teatros operísticos donde eran las mujeres las intérpretes genuinas. Mi objetivo es recuperar los aspectos fundamentales de la escritura, los instrumentos y las voces en su estado original, lo más puro posible, porque de este modo garantizamos más autenticidad. Respeto las interpretaciones que se han hecho hasta ahora por buenos instrumentistas, por supuesto, pero no estoy de acuerdo con las versiones modificadas que nos han ofrecido.

Dicho esto, creo que la audiencia está muy acostumbrada a escuchar a Vivaldi porque las discográficas han explotado su música. Deberíamos sembrar nuevos caminos de interpretación para revelar la música de autores desconocidos que son, igualmente, buenos compositores.

Hay muchos músicos que tocan para decir «mira qué bueno soy», pero como músicos tenemos que mostrar no cuán buenos somos, si no cuán buena es la música que tocamos. La música en sí misma. Ésta es una mirada muy importante y muy diferente en cuanto a la interpretación musical. La música es el objetivo máximo y nosotros somos los intérpretes. No somos autores. Como intérpretes tenemos que dar al público la oportunidad de escuchar la música de la mejor manera posible; esto es, la mejor interpretación.

CM: Se siente satisfecho de la recuperación de la partitura original de “Norma” de Bellini?
FB: Nuestro objetivo era proporcionar una nueva perspectiva de la ópera de principios del siglo XIX. Se trata de un manuscrito original de Vicenzo Bellini con la incorporación del arpa y del pianoforte en los recitativos acompañados. Fue grabado en el Teatro Regio di Parma en Marzo de 2001 con instrumentos antiguos.

Esta recuperación historicista, que fue un encargo, no gustó al público porque es una público muy conservador, pero pienso que es necesario dar a conocer la versión original de una de las óperas más destacadas del bel cantoitaliano.

Fabio Biondi  ©Fotografía Maria Ivanova

Fabio Biondi ©Fotografía Maria Ivanova

CM: ¿Qué metodología utilizáis para la selección del repertorio?
FB: Nuestra perspectiva sobre la interpretación está en constante evolución. Dedicamos días y noches a estudiar. Indudablemente, estamos consagrados a la música historicista. Somos una generación de hombres y mujeres que hemos dedicado toda nuestra vida a elaborar el material de investigación para entender e interpretar obras en versión original.
Me parece que las discográficas y las agencias de programación de conciertos han promocionado una nueva forma de interpretar: los músicos se convierten en súbditos de las exigencia del marketing y se olvidan de la esencia de la interpretación musical. Además, influyen en el gusto del público bajo una mirada comercial y no artística. De este modo, cada día aparecen versiones mediocres con portadas de CDs que invitan al consumismo, consiguiendo (lamentablemente) que la música se convierta en una nueva mercancía de muy poco gusto.

Nuestra respuesta a este tipo de mercantilismo, pensamos que debe ser muy clara: unirnos para llegar a un acuerdo con una discográfica francesa, con el objetivo de investigar y editar con criterios historicistas. Agogique es un sello, principalmente, orientado a la música barroca. Alessandra Galleron, la directora artística, ha sumado las voluntades de diversos intérpretes que desean gravar sus interpretaciones (básicamente con instrumentos de época) de forma artesanal y en oposición a cualquier plan de marketing.

CM: ¿Cómo es su experiencia en Noruega?
FB: El año 2005 me ofrecieron el cargo de director titular de la Stavenger Symphony. Es un auténtico placer trabajar en un proyecto común. Efectivamente, en los países del norte, a diferencia de los países del sur, se trabaja con más rigor y disciplina. No podemos confundirnos, el rigor y la disciplina no son constrictivos sino todo lo contrario, ayudan a cohesionar y a sumar las individualidades de las personas que, como ya he dicho antes, todos trabajan (sin excepciones) para un proyecto común.
Si soy “yo” el objetivo, esto es un error fatal. Hay muchos intérpretes así. El narcicismo actual. Hay muchos que no les importa lo que están interpretando. Esto es la crisis. Pero también es una crisis porque en este mundo occidental nuestro no hay un objetivo común. El individualismo es el máximo objetivo. En Escandinavia, aquí, lo que choca mucho es que esta gente que parece muy fría tienen un corazón enorme y tienen una manera fantástica de ver la vida que es formar parte de un proyecto. No es el individuo que intenta tener la plaza más importante. Hay un respeto por la comunidad, lo que hace que el objetivo es la orquestra, es el concierto, en definitiva, el proyecto. Eso es una de las razones por lo cual Escandinavia funciona…

CM: ¿La música afecta a nuestra vida espiritual o vivimos sometidos al materialismo económico?
FB: La relación entre espiritualidad y música es imprescindible y depende de nosotros. Es una cuestión que debe decidir el conjunto de la sociedad. En este momento de la historia, tenemos la posibilidad de elegir la dirección que queremos tomar, por ello me siento optimista. Tenemos por tanto dos posibilidades, o aniquilar y eliminarlo todo, o empezar nuevamente de una forma mejor. Justamente lo que decía antes respecto al mercado: cuando vemos a qué nivel se ha cambiado -ha cambiado a una moral errónea- creo que se puede decir «ahora ya basta con todo esto» y volvemos a algo más verdadero tanto del lenguaje musical, como verbal; tanto en el lenguaje filosófico, como el lenguaje de la justicia. Creo que la música refleja lo que está pasando en la sociedad actual. La música está en peligro, pero la cultura en general, también. Está en peligro el concepto mismo de la justicia social y cultural. A pesar de estas observaciones, me siento optimista porque creo que la gente tiene muchas fuerza y se da cuenta de que el mercado está manipulándolo todo.
Es un nivel de degradación del pensamiento y de decadencia horrible. Ante una cosa así, sin lugar a dudas, hay que decir «Ahora, ya basta».
Hay que volver a una imagen más auténtica.
Todo esto es el espejo de la mentalidad corrupta, la corrupción en sí. En definitiva hemos visto un deterioro del concepto mismo de sociedad ante la crisis que estamos viviendo. La nueva generación cambiará; tendrá que cambiar radicalmente las cosas. Volver a una justicia moral. En esta justicia moral la música será indispensable para la humanidad. Todavía hay mucho por recuperar sobre la autenticidad, la justicia social y la ética. ¡Esperamos!

Bodø (Noruega), 4 de agosto del 2012

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